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Grammarly ahora ofrece reseñas de ‘expertos’ en IA, incluso de autores que ya han muerto

Grammarly, el software de asistencia a la escritura, ha introducido una nueva función que permite a los usuarios recibir comentarios sobre su trabajo a partir de simulaciones de IA de autores y académicos destacados, incluidos aquellos que han fallecido. Esta expansión hacia la IA generativa, parte de un esfuerzo más amplio de cambio de marca bajo el nuevo nombre Superhuman, plantea serias cuestiones éticas sobre la propiedad intelectual, el consentimiento y la mercantilización de la experiencia.

El auge de las herramientas de escritura impulsadas por IA

Grammarly ha evolucionado de un simple corrector gramatical a un completo compañero de redacción de IA. La plataforma ahora incluye chatbots, herramientas de parafraseo, “humanizadores” que imitan estilos de escritura específicos e incluso evaluadores de inteligencia artificial que predicen el rendimiento académico. Sin embargo, la incorporación más controvertida es la opción “Revisión de expertos”, que ofrece críticas supuestamente inspiradas en personas reales, tanto vivas como fallecidas.

Experiencia simulada: vivos y muertos

Los usuarios ahora pueden solicitar comentarios de versiones virtuales de autores como Stephen King y Neil deGrasse Tyson, así como de los fallecidos William Zinsser y Carl Sagan. Grammarly afirma explícitamente que estos expertos no tienen ninguna afiliación con el producto, aclarando que las simulaciones son “sólo para fines informativos”. Los agentes de IA están capacitados sobre los trabajos de estas figuras, pero la legalidad de esta recolección de contenido sigue siendo incierta.

Preocupaciones y reacciones éticas

La práctica ha provocado indignación entre académicos y escritores. Vanessa Heggie, profesora de la Universidad de Birmingham, condenó a Superhuman por “crear pequeños LLM” basados ​​en trabajo raspado, intercambiando nombres y reputaciones sin consentimiento. La disponibilidad de comentarios de historiadores fallecidos, como David Abulafia, alimenta aún más la controversia.

Cómo funciona: inspiración versus respaldo

Grammarly afirma que la IA proporciona sugerencias inspiradas en los trabajos de estos expertos, en lugar de respaldos directos. Jen Dakin, gerente de comunicaciones de Superhuman, dice que la herramienta tiene como objetivo señalar a los usuarios voces influyentes para una mayor exploración. Sin embargo, revisiones independientes muestran que la IA está utilizando activamente “ideas” y “conceptos” de autores fallecidos como William Strunk Jr. y Margaret Mitchell.

Desconfianza y explotación académica

El historiador C.E. Aubin sostiene que este sistema refuerza una profunda desconfianza en la IA dentro de las humanidades. Ella enfatiza que los verdaderos expertos no participan en la producción de estas revisiones y que reducir la erudición a mero trabajo ignora la personalidad del académico. La práctica es particularmente atroz ahora que las humanidades enfrentan continuos ataques y recortes de fondos.

Efectividad y Detección

Las nuevas herramientas de IA no están exentas de defectos. El verificador de plagio de Grammarly no pudo detectar una cita directa de Los Simpson, lo que pone de relieve las limitaciones de sus capacidades de detección. A pesar de estas deficiencias, la función puede alentar a los estudiantes a confiar en la IA para el trabajo académico, lo que podría desdibujar la línea entre asistencia y trampa.

El futuro de la IA en la educación

La expansión de las herramientas de escritura impulsadas por IA genera preocupación sobre el futuro de la educación. Algunos temen que estas tecnologías puedan, en última instancia, sustituir por completo a los docentes. Queda por ver si este es un resultado realista, pero la tendencia apunta hacia una creciente dependencia de la inteligencia artificial en entornos académicos.

En conclusión, el último artículo de Grammarly representa un paso preocupante hacia la mercantilización del trabajo intelectual y la explotación del legado de escritores y académicos sin su consentimiento. Las implicaciones éticas de simular experiencia –especialmente de los fallecidos– son profundas, y las consecuencias a largo plazo para el mundo académico siguen siendo inciertas.

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