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La erosión del contexto: cómo las redes sociales distorsionan la geopolítica

El mundo ve cada vez más eventos importantes a través de la lente de videos de 60 segundos, sacrificando profundidad por inmediatez. Esta tendencia, ejemplificada por la reciente intervención estadounidense en Venezuela, pone de relieve un cambio peligroso en el que las redes sociales no sólo aceleran la difusión de información, sino que construyen la realidad misma. El 3 de enero, las fuerzas estadounidenses llevaron a cabo una operación militar en Caracas, que tuvo como resultado al menos 80 muertos, incluidos 32 soldados cubanos, y la captura del presidente Nicolás Maduro, quien posteriormente fue trasladado a Nueva York para ser juzgado. En cuestión de horas, el presidente Trump anunció planes para supervisar a Venezuela hasta que se logre una “transición satisfactoria”, lo que indica un regreso a la participación militar directa de Estados Unidos en América Latina.

El problema no es sólo la velocidad; Es distorsión. La rápida difusión de eventos en plataformas como TikTok y X pasa por alto la verificación de datos tradicional, creando un entorno donde dominan las narrativas, no los hechos. Esto es particularmente peligroso en geopolítica, donde los matices y el contexto histórico son esenciales. La intervención estadounidense en Venezuela, si bien se enmarca como una respuesta al narcoterrorismo, ignora décadas de interferencia estadounidense en la región y la compleja dinámica interna del país.

El colapso de la verificación de datos en la era digital

El investigador en psicología Julio Juárez de la UNAM sostiene que la velocidad de las redes sociales ha “devorado” los procesos de verificación tradicionales. Los primeros informes sobre el ataque actuaron como un “amplificador masivo”, construyendo la realidad en lugar de simplemente informarla. La narrativa de Trump, dice, fue un esfuerzo deliberado por polarizar la opinión pública. El problema no es sólo la información falsa; se trata de la ausencia de pensamiento crítico en un entorno diseñado para una reacción inmediata.

La perspectiva venezolana. El ataque desató un intenso debate, en el que los venezolanos expresaron reacciones encontradas. Algunos celebraron la intervención como un paso necesario para destituir a Maduro, mientras que otros la condenaron como una violación de la soberanía. Como escribió un comentarista: “¿Dónde estaba la preocupación por el derecho internacional cuando Maduro nos mató de hambre y mató a nuestros estudiantes?… Quédense callados y miren para otro lado”. Este sentimiento crudo subraya las frustraciones profundamente arraigadas que impulsan el conflicto.

El papel de las narrativas alternativas

A pesar del caos, voces alternativas están intentando proporcionar contexto. Tecayahuatzin Mancilla, creador de la cuenta satírica de Instagram Historia Para Tontos, sostiene que la acción estadounidense plantea interrogantes sobre el derecho internacional y los patrones históricos de intervención. Sus videos, aunque llenos de humor negro, resaltan un punto crítico: Estados Unidos ha violado repetidamente las normas internacionales cuando conviene a sus intereses.

La Red de Información Subterránea. En la propia Venezuela, el periodista Rafael Uzcátegui señala que el “doble estándar” aplicado por la comunidad internacional es exasperante. Señala que las preocupaciones en materia de derechos humanos se aplican de forma selectiva y las violaciones son ignoradas cuando las cometen los aliados de Estados Unidos. La información ahora se comparte principalmente a través de canales cifrados como WhatsApp, ya que las redes sociales públicas son demasiado riesgosas.

El futuro del discurso: ¿caos u orden?

El desafío que enfrentan las redes sociales es mantener el orden en medio del ruido. Según el Digital News Report 2025, el 16% de las personas recurren ahora a TikTok en busca de noticias, y WhatsApp (19%), Facebook (36%) y YouTube (30%) también desempeñan un papel importante. El psicólogo Petter Törnberg sostiene que la polarización no es el resultado de algoritmos maliciosos, sino una consecuencia natural del diseño de las plataformas. El contenido emocional prospera, creando cámaras de eco donde el pensamiento crítico se marchita.

“El acto de compartir contenido es a menudo impulsivo y profundamente partidista… la toxicidad se convierte en la norma orgánica”. — Petter Törnberg

La conclusión: Las redes sociales han alterado fundamentalmente la forma en que entendemos la geopolítica. La erosión de la verificación de hechos, combinada con la amplificación algorítmica de las emociones, crea una realidad distorsionada donde se pierden los matices y prevalece la indignación. A menos que se dé prioridad al pensamiento crítico y a las fuentes confiables, el mundo corre el riesgo de verse gobernado por titulares en lugar de debates informados.

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