Se ha desarrollado una extraña e inquietante saga de vigilancia, maniobras políticas y represión transnacional, que revela cómo el gobierno chino supuestamente utiliza representantes para monitorear y acosar a los disidentes que viven en suelo estadounidense. En el centro de esta historia están Arthur Liu, un activista a favor de la democracia, y su hija, Alysa Liu, una patinadora artística de talla mundial.
Lo que comenzó como un incidente de acoso localizado en el norte de California se ha desmoronado en una red compleja que involucra a “reparadores”, veteranos militares y operaciones de influencia de alto nivel diseñadas para silenciar a los críticos del Partido Comunista Chino (PCC).
El Acecho de los Lius
En noviembre de 2021, la tranquila vida de Arthur y Alysa Liu se vio interrumpida por un hombre llamado Matthew Ziburis. Ziburis, veterano tanto del ejército como de la Infantería de Marina de los EE. UU., no actuaba por capricho personal, sino supuestamente en nombre del gobierno chino.
La vigilancia fue a la vez intrusiva y engañosa:
– Tácticas engañosas: Ziburis contactó a Arthur Liu, haciéndose pasar por miembro del Comité Olímpico de Estados Unidos. Presionó a Liu para que enviara por fax copias de sus pasaportes y los de su hija con el pretexto de un “control de preparación para el viaje” para los Juegos Olímpicos de Beijing.
– Vigilancia física: Ziburis fue sorprendido acechando la residencia de Liu y visitando el despacho de abogados de Arthur, un acto que finalmente provocó una advertencia del FBI a la familia.
– La motivación: Arthur Liu es un sobreviviente de la represión de la Plaza de Tiananmen en 1989. Para Beijing, su presencia en Estados Unidos (y el creciente estrellato de su hija) representa una plataforma potencial para las voces que el PCC busca suprimir.
El “reparador” y la red de influencia
La investigación sobre Ziburis llevó a las autoridades a Frank Liu (también conocido como Liu Fan), un autodenominado “reparador” dentro de la diáspora china. Según las autoridades estadounidenses, Frank Liu actuó como intermediario y recibió instrucciones de una persona en China llamada Qiang Sun.
Las operaciones de Frank Liu parecen ser un ejemplo clásico de represión transnacional : una estrategia en la que un Estado cruza fronteras para intimidar o silenciar a sus críticos. Su principal herramienta fue la World Harmony Foundation, una organización con la nebulosa misión de “promover la armonía”.
“El doble objetivo es impulsar mensajes a favor de Beijing y al mismo tiempo silenciar las críticas y la disidencia”, dice Audrye Wong, investigadora principal del American Enterprise Institute.
A través de esta fundación, Frank Liu cultivó una imagen de diplomático global, utilizando una “Campana de la Armonía” para obtener acceso a figuras de alto perfil en las Naciones Unidas. Sin embargo, los críticos e investigadores sugieren que esto fue una fachada para:
1. Cooptar influencia: Proporcionar a los funcionarios y disidentes chinos formas de interactuar con diplomáticos de alto rango de la ONU.
2. Aprovechar las conexiones: Utilizar el prestigio de figuras estadounidenses, como el fallecido congresista Lester Wolff, para dar legitimidad a sus actividades.
3. Monitorear a los disidentes: Usar agentes como Ziburis para rastrear y acosar a aquellos percibidos como enemigos del estado.
El perfil de un operativo
El papel de Matthew Ziburis ofrece una mirada escalofriante a cómo reclutan estas redes de influencia. Antes de ser acusado de actuar como agente ilegal de China, Ziburis tenía un historial problemático en el sistema penitenciario de Estados Unidos, incluidas acusaciones de amenazar a los reclusos y problemas con el alcohol.
Las autoridades alegan que le pagaron más de 100.000 dólares por su trabajo. Sus tareas iban más allá de acechar a los Liu; Según se informa, también intentó infiltrarse en el círculo del artista disidente Chen Weiming haciéndose pasar por comprador de esculturas controvertidas y críticas con el PCC.
Consecuencias legales y la tendencia más amplia
Las consecuencias legales han comenzado a tomar forma:
– Matthew Ziburis se declaró culpable en diciembre de 2022 de conspiración para actuar como agente ilegal de China y acecho interestatal.
– Frank Liu mantiene su inocencia y está a la espera de juicio en Nueva York.
– Qiang Sun sigue prófugo en China.
Este caso destaca una tendencia creciente identificada por los defensores de los derechos humanos: el uso de tácticas del Frente Unido. El Departamento de Trabajo del Frente Unido del PCC busca gestionar las comunidades chinas en el extranjero, asegurándose de que “cuenten bien la historia de China” y neutralizando sistemáticamente a quienes se atreven a criticar al régimen.
Conclusión: El ataque a la familia Liu demuestra que el alcance del gobierno chino se extiende mucho más allá de sus fronteras, utilizando sofisticadas redes de influencia y representantes contratados para monitorear e intimidar a los disidentes que viven en Estados Unidos.






















