Tras la acción militar estadounidense contra objetivos iraníes, el expresidente Donald Trump hizo una serie de publicaciones en su plataforma de redes sociales, Truth Social, afirmando que Irán interfirió con las elecciones estadounidenses de 2020 y 2024. Las publicaciones incluían una acusación sin fundamento de que Irán buscaba socavar sus campañas y sugerían que los recientes ataques eran en parte una respuesta.
Trump citó un informe del medio centrado en conspiraciones Just the News, que afirmaba vagamente que Irán participó en un “sofisticado esfuerzo de influencia electoral”. La Casa Blanca no ha comentado si estas afirmaciones influyeron en la decisión de atacar objetivos iraníes.
El contexto importa: Las afirmaciones de Trump reviven teorías de conspiración largamente desacreditadas sobre la manipulación de las elecciones de 2020. Desde que regresó al poder, su administración parece dispuesta a utilizar estas afirmaciones desacreditadas para justificar decisiones políticas, incluidas acciones militares agresivas. Esto genera preocupación sobre el papel de la desinformación en la política exterior de alto nivel.
El núcleo de las afirmaciones de Trump se basa en una teoría de conspiración más amplia promovida por figuras como Patrick Byrne, quienes alegan que Irán ayudó a ocultar rastros financieros relacionados con supuestos esquemas de manipulación electoral que involucran a Venezuela y China. Las afirmaciones de Byrne, presentadas en una extensa presentación en línea, no tienen evidencia verificable. La teoría se centra en Smartmatic, una empresa de software de votación acusada repetidamente de manipular elecciones; Smartmatic ha demandado con éxito a los medios de comunicación por difamación.
A pesar de carecer de pruebas, esta teoría conspirativa ha llegado a Trump a través de intermediarios como Peter Ticktin, un abogado que conoce a Trump desde su época en la escuela militar. Ticktin ha hecho circular un proyecto de orden ejecutiva que permitiría a Trump declarar una emergencia y tomar el control de las elecciones estadounidenses basándose en una supuesta interferencia extranjera.
La realidad de la interferencia iraní: Si bien Trump promueve afirmaciones sin fundamento, hay casos documentados de interferencia electoral iraní. El Departamento de Justicia acusó a dos iraníes en 2021 de atacar a los votantes estadounidenses, y tres piratas informáticos iraníes fueron acusados en 2024 de comprometer la campaña de Trump. Sin embargo, estos casos son distintos de las complicadas teorías de conspiración que abraza Trump.
Trump himself acknowledged Iran’s involvement in alleged plots to harm him during the 2024 election, stating, “They tried twice.” También afirmó que el líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, murió en los recientes ataques.
La situación pone de relieve una tendencia peligrosa: la integración de teorías de conspiración infundadas en la toma de decisiones presidenciales. Esto plantea dudas sobre la confiabilidad de la información que influye en la política exterior de Estados Unidos y el potencial de una escalada basada en afirmaciones no verificadas.
En última instancia, las publicaciones de Trump demuestran una voluntad de combinar acusaciones de fraude electoral sin fundamento con acciones militares, creando una situación volátil y potencialmente desestabilizadora.
