Durante décadas, la vigilancia militar se basó en satélites, drones e inteligencia humana. Hoy ha surgido una nueva herramienta inquietantemente accesible: la explotación de cámaras de seguridad inseguras conectadas a Internet. Desde los conflictos en Ucrania e Irán hasta las tensiones actuales en Medio Oriente, piratear estos dispositivos cotidianos se está convirtiendo rápidamente en una táctica militar estándar.
El auge del pirateo de cámaras como herramienta militar
La premisa es simple: cámaras baratas y mal aseguradas proporcionan inteligencia visual directa y en tiempo real sobre objetivos potenciales. Esto elimina la necesidad de costosos satélites o drones fácilmente detectables, ofreciendo una alternativa discreta y de alta resolución. Sergey Shykevich, de Check Point, señala: “Ahora, piratear cámaras se ha convertido en parte del manual de la actividad militar… es fácil y proporciona un muy buen valor por su esfuerzo”.
Una investigación reciente de Check Point destaca cientos de intentos de piratería informática contra cámaras en todo Medio Oriente, coincidiendo con los ataques de represalia de Irán contra Israel, Qatar y Chipre. Estos esfuerzos, atribuidos a un grupo de piratas informáticos vinculados a la inteligencia iraní, demuestran una clara intención de aprovechar la vigilancia civil con fines militares.
Precedente y escalada: Ucrania, Irán e Israel
Irán no está solo en adoptar esta estrategia. Según se informa, el ejército israelí accedió a “casi todas” las cámaras de tráfico en Teherán, usándolas en asociación con la CIA para apuntar a personas de alto valor. En Ucrania, tanto las fuerzas rusas como las ucranianas han intervenido en el pirateo de cámaras: Rusia para apuntar a los ataques y Ucrania para monitorear los movimientos de las tropas e incluso evaluar los daños de sus propios ataques.
El Financial Times informó que la inteligencia israelí utilizó cámaras de tráfico pirateadas para estudiar las rutinas del personal de seguridad en torno al Ayatollah Ali Khamenei antes de un intento de asesinato. ¿La conclusión clave? Hackear cámaras civiles ya no es una táctica marginal, sino un componente central de la guerra moderna.
Por qué esto es importante: accesibilidad y persistencia
Las vulnerabilidades explotadas no son nuevas; muchos han sido parcheados en actualizaciones de software hace años. El problema radica en el hecho de que los propietarios de cámaras rara vez instalan estas actualizaciones, lo que deja los dispositivos expuestos. Esto hace que la táctica sea notablemente efectiva, incluso para actores menos sofisticados. Hikvision y Dahua, dos fabricantes importantes, están efectivamente prohibidos en los EE. UU. debido a preocupaciones de seguridad, pero sus productos siguen estando muy extendidos en todo el mundo.
La baja barrera de entrada es crucial. Como observa Peter W. Singer de la New America Foundation: “El adversario ya ha hecho el trabajo por ti. Han colocado cámaras por toda la ciudad”.
El futuro de la vigilancia civil en los conflictos
La tendencia es clara: la explotación de la infraestructura civil para la inteligencia militar se está normalizando. La SSU de Ucrania advirtió sobre el pirateo de cámaras rusas en enero de 2024, e incluso desactivó 10.000 dispositivos en un intento de mitigar el riesgo. También se ha observado que el ejército ucraniano utiliza cámaras pirateadas para monitorear los movimientos del enemigo, lo que demuestra su voluntad de emplear las mismas tácticas.
La facilidad, la rentabilidad y el sigilo del pirateo de cámaras lo convierten en una herramienta peligrosa y cada vez más frecuente en la guerra moderna. Este cambio plantea cuestiones críticas sobre la seguridad civil, la responsabilidad de los fabricantes de dispositivos y el futuro de la vigilancia urbana en zonas de conflicto.






















