Bayer no empezó como una empresa farmacéutica. Comenzó como una tintorería.
Fundada en 1863 por el vendedor de productos químicos Friedrich Bayer y Johann Friedrich Weskott, propietario de una empresa de fabricación de tintes, la empresa alemana ha experimentado una transformación radical. Hoy en día, Bayer AG es una entidad global con aproximadamente 90.000 empleados en más de 80 países. Sus flujos de ingresos se dividen entre productos farmacéuticos, salud del consumidor y ciencia de cultivos.
Pero para comprender cómo Bayer navega por los complejos mercados agrícolas y de atención médica actuales, hay que observar sus orígenes de Bayer en la producción de tintes químicos y el descubrimiento accidental que lo cambió todo.
El descubrimiento accidental que lanzó una marca
El producto más famoso de la empresa no fue planeado. Fue una casualidad.
En 1899, el químico de Bayer Felix Hoffmann sintetizó el ácido acetilsalicílico. El mundo llegó a conocerla como aspirina. Este no era simplemente otro compuesto químico. Se convirtió en un nombre muy conocido y en la piedra angular del alivio del dolor moderno.
Antes de la aspirina, la empresa se conocía como Friedr. Bayer y comp. Tenía su sede en Barmen (ahora Wuppertal) y se centraba en la fabricación de colorantes. En 1881 se incorporó como Farbenfabriken vormals Friedr. Bayer & Co. El giro hacia los productos farmacéuticos comenzó en serio en la época del lanzamiento de la aspirina.
Expansión y traslado a Leverkusen
Los finales del siglo XIX y principios del XX marcaron un cambio de las ventas de tintes de exportación a un modelo internacional más integrado.
Bayer estableció filiales en Estados Unidos y en toda Europa. Los ingresos surgieron de estas exportaciones, financiando importantes capacidades de investigación y producción. Pero la ubicación sí importaba.
En 1912, la empresa trasladó su sede a Leverkusen, cerca de Colonia. Este sitio industrial se convirtió en el corazón de sus operaciones. No fue sólo un cambio administrativo. Consolidó la fabricación y la I+D bajo un mismo techo, sentando las bases para décadas de crecimiento.
“Bayer obtuvo gran parte de sus primeros ingresos de las exportaciones, confiando en una red internacional antes de que las Guerras Mundiales remodelaran el comercio global.”
Por qué la estrategia inicial de Bayer sigue siendo importante
No se puede separar la actual división de ciencias agrícolas de Bayer de sus raíces químicas. La experiencia en química sintética desarrollada para tintes y medicamentos sentó las bases para los agroquímicos modernos.
La capacidad de la empresa para pasar de los productos químicos industriales a las soluciones sanitarias no es aleatoria. Es un patrón.
- 1863: Fundación como fabricante de tintes.
- 1899: Introducción de la aspirina.
- 1912: La sede se traslada a Leverkusen.
Esta línea de tiempo muestra una empresa en constante adaptación. Comenzó con el color. Pasó a la química. Luego a la biología. El mecanismo del crecimiento sigue siendo el mismo: investigación, síntesis y distribución global.
Los debates actuales sobre la adquisición de Monsanto por parte de Bayer, su litigio en torno a Roundup o su cartera de investigación y desarrollo en oncología tienen sus raíces en esta historia. La empresa que inventó la aspirina es la misma que ahora alimenta a miles de millones y trata enfermedades crónicas.
El cambio de Barmen a Leverkusen no fue sólo una cuestión inmobiliaria. Se trataba de escala. Y esa escala permitió a Bayer convertirse en el **B

El corazón industrial de Bayer en Leverkusen empezó a tomar forma a finales del siglo XIX. Sin embargo, no era sólo una fábrica. Durante las siguientes décadas, creció hasta convertirse en el sistema nervioso central de la empresa. A principios del siglo XX, este sitio era la sede de un gigante químico en crecimiento.
La consolidación de IG Farben
La trayectoria cambió radicalmente en 1912. Carl Duisberg asumió el mando como director general. No solo estaba gestionando operaciones. Estaba presionando por una consolidación masiva de todo el sector químico de Alemania. Esa presión llevó a la creación de IG Farben en 1925.
Duisberg se convirtió en el primer presidente de este nuevo cartel. Bayer no se separó. Permaneció dentro de la estructura. Esa estructura se mantuvo hasta que las autoridades aliadas la disolvieron en 1945. La guerra terminó. El cartel había desaparecido. Bayer se quedó con sus activos y su reputación, pero no con su forma anterior.
Reconstrucción y Diversificación
Fueron necesarios seis años para que la empresa volviera a valerse por sí misma. En 1951 se restableció Farbenfabriken Bayer Aktiengesellschaft. El nombre me pareció torpe. Se mantuvo hasta 1972, cuando la empresa adoptó el nombre simple Bayer que reconocemos hoy.
La era de la posguerra no se trataba sólo de supervivencia. Se trataba de diversificación. De 1981 a 1999, Bayer tuvo una participación mayoritaria en el grupo Agfa-Gevaert. Se trataba de un productor alemán y belga. Fabricaron equipos fotográficos. Produjeron películas. También manejaban cintas magnéticas y fotocopiadoras. Era un mundo diferente al de los productos químicos de hoy.
Adquisiciones estratégicas y el acuerdo de Monsanto
Bayer no se limitó a la fotografía. La empresa cambió su enfoque hacia los productos farmacéuticos y la agricultura. En 2002, estableció una división dedicada a la ciencia de cultivos. Este fue un giro estratégico hacia la producción y protección de alimentos.
Los movimientos se hicieron más grandes. En 2006, Bayer adquirió Schering AG. Se trataba de una empresa farmacéutica alemana. Schering era el mayor fabricante de píldoras anticonceptivas de la época. Añadió un peso significativo a la cartera de atención sanitaria de Bayer.
Entonces entró el elefante en la habitación. En 2016, Bayer acordó comprar Monsanto. El productor agrícola estadounidense era famoso por el Roundup. Era un herbicida a base de glifosato. El acuerdo fue valorado en 63 mil millones de dólares. Cerró en 2018. Se suponía que la adquisición aseguraría la posición de Bayer en la agricultura mundial. Las cosas no resultaron así.
El costo del glifosato
Los problemas legales comenzaron casi de inmediato. Poco después de cerrarse la adquisición, un jurado de California declaró responsable a Monsanto. La demanda alegaba que Roundup causaba cáncer. En concreto, apuntaba al linfoma no Hodgkin. El mercado reaccionó rápido. La perspectiva de grandes responsabilidades legales arrastró el valor de las acciones de Bayer.
La exposición financiera era real. En 2020, la empresa acordó pagar más de 10 mil millones de dólares para resolver miles de reclamaciones. Se suponía que esa sería una resolución. No lo fue.
Los desafíos legales continuaron hasta la década de 2020. Bayer enfrentó decenas de miles de demandas. La empresa reservó miles de millones de dólares para acuerdos y costos relacionados. Los pasivos no fueron un evento único. Eran un drenaje recurrente.
En 2025, un jurado estadounidense otorgó 2.100 millones de dólares en daños y perjuicios en un solo caso. Fue uno de los veredictos más importantes hasta la fecha. El patrón es claro

La batalla legal sobre las advertencias sobre el cáncer de Roundup no terminó simplemente con un argumento en el tribunal. Terminó con un cambio en el poder federal. La defensa de Bayer se basó en una afirmación específica: la ley federal sobre pesticidas debería prevalecer sobre las demandas estatales. La lógica era simple. La Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. (EPA) no exige una advertencia sobre el cáncer en la etiqueta. Si el gobierno federal no lo exige, los estados no deberían poder demandar a las empresas por no incluirlo.
En 2026, la Corte Suprema de Estados Unidos estuvo de acuerdo. El fallo fue 7-2 a favor de Bayer.
Cómo la preferencia federal bloquea las demandas estatales
Esta decisión no fue sólo una victoria técnica. Fue una interrupción masiva de los litigios pendientes. El tribunal sostuvo que la ley federal prevalece sobre esas reclamaciones específicas a nivel estatal. El efecto fue inmediato. Se esperaba que se bloquearan miles de casos.
El fallo trazó una línea dura. Detuvo las demandas basándose únicamente en la falta de una etiqueta de advertencia. No cerró la puerta del todo. Los demandantes aún podrían presentar demandas por diseño de productos. El mecanismo para esas reclamaciones sigue siendo distinto de las disputas sobre etiquetado.
“El fallo deja abierto otro tipo de reclamaciones, como las demandas por diseño de productos”.
Una historia de las primicias químicas
Las victorias legales de Bayer son sólo un capítulo de una empresa definida por la innovación química. La cruz de Bayer es una marca reconocida mundialmente. Se encuentra por encima de una lista de novedades que dieron forma a la industria moderna.
Bayer no sólo participó en el boom químico. Inició muchos de ellos.
- Heroína (1898): Bayer fue el primero en producirla en masa. Se vendió como medicamento para el dolor y la tos.
- Aspirina (1899): Bayer originó y comercializó por primera vez el medicamento. Sigue siendo un artículo básico del hogar.
- Prontosil (1935): Este fue el primer fármaco con sulfas. Marcó una entrada temprana a los antibióticos.
- Poliuretano (1937): Desarrollado como material base. Se volvió esencial para las espumas, pinturas, adhesivos y fibras sintéticas.
La empresa también desarrolló por primera vez decenas de productos farmacéuticos, colorantes, acetatos, cauchos sintéticos, plásticos e insecticidas. La lista de productos químicos que Bayer creó o popularizó es extensa. Abarca desde la salud del consumidor hasta los materiales industriales.
El caso de la Corte Suprema se centró en un producto específico. Pero la huella de la empresa es mucho más amplia. El precedente legal establecido en 2026 protege a Bayer de demandas por etiquetado. No cambia la historia de lo que inventaron. O el gran volumen de productos químicos que siguen definiendo su cartera.





















